20 de abril del 90, hola chata, ¿cómo estas? ¿Te sorprende que te escriba? Tanto tiempo es normal. Pues es que estaba aquí solo me había puesto a recordar me entró la melancolía y te tenia que hablar
¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo? Las risas que nos hacíamos antes todos juntos, hoy no queda casi nadie de los de antes y los que hay han cambiado, han cambiado, ¡sí!
Pero bueno, ¿tú qué tal?, di lo mismo hasta tienes críos ¿Qué tal te va con el tío ese? espero sea divertido Yo la verdad, como siempre sigo currando en lo mismo la música no me cansa pero me encuentro vacío
Bueno pues ya me despido si te mola me contestas, espero que mis palabras, desordenen tu conciencia Pues nada chica, lo dicho hasta pronto si nos vemos, yo sigo con mis canciones y tú sigues con tus sueños.
"Por volver como eres; por volver como somos. Por la inmensa sonrisa de tus cansados ojos. Por volver donde alguien te quiere sin que vuelvas. Por poner a los míos con un poco más de luz"
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica qué puedo. Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.